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AÑO 2014

AÑO :  2014

REFLEXIÓN PARA EL AÑO NUEVO
A todos los católicos,  a mis lectores, y a todo los hombres de buena voluntad, les mando un saludo muy especial en este comienzo del nuevo año.

El profeta Ezequiel dice: “hacernos de un corazón y de un espíritu nuevo”.
En este año que comienza el profeta Ezequiel nos exhorta a la verdadera conversión y al arrepentimiento del corazón y a la vez nos invita a detestar y arrojar lejos de nosotros todas la prevaricaciones, esto es: que debemos de renunciar a todos nuestros pecados, con la detestación del mal cometido, y con el alejamiento de las ocasiones próximas de pecar.
Y esta misma exhortación no la repite más claramente el Evangelio de San Mateo XVIII, 8 y 9: “Si tu ojo es para ti ocasión de escándalo, sácalo y tíralo lejos de ti; si tu mano es ocasión de escándalo, córtala y arrójala lejos de ti”. La renovación del corazón y del espíritu consiste, por consiguiente, en la reforma de nuestras palabras, de nuestras acciones y de nuestros pensamientos; consiste en revertirse del hombre nuevo, como nos exhorta San Pablo, creado por Dios en la justicia y en la santidad de la verdad.
Para ello, recordemos que, Dios creó al hombre en gracia y justicia; ya que el hombre, pecando, ha desfigurado en sí la imagen y la semejanza de Dios, y ha venido a ser como un cuadro deshecho y descolorido. Y San pablo quiere que reparemos y renovemos esta imagen destruida; quiere que de nuevo la volvamos semejante a su modelo, que es Dios.
Y es precisamente en esta nueva semejanza donde el Señor coloca la justicia y la santidad de la verdad: in justitia et sanctitate veritatis, o sea en una vida recta, justa, virtuosa y santa. El hombre nuevo es, pues, una nueva existencia.
San Bernardo haciendo referencia la 1ª. Epístola de San Pablo a los Corintios, 15,49 que nos dice: “Así como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevemos también la imagen del hombre celestial”, Nos comenta y explica el sentido de estas palabras de esta manera: “Hay dos hombres: el viejo y el nuevo. El hombre viejo es Adán, el nuevo es Jesucristo. El primero es el representante de la vieja vida, el segundo, de la nueva.
Si queremos revestirnos del hombre nuevo, no hemos de parecernos a Adán, sino a Jesucristo. Si acaso, ¿Hemos vivido hasta aquí como hijos de Adán? Pues vivamos de ahora en adelante como hijos de Dios y discípulos de Jesús, siguiendo su ley, su doctrina y su espíritu.
Y si ¿Hemos preferido hasta aquí los bienes de la tierra a los del cielo, y nos hemos amado más a nosotros mismos que a Dios? Pues ahora hemos de estimar más la eternidad que el tiempo, el alma que el cuerpo, las cosas del cielo más que las de la tierra. Y por lo mismo, hemos de amar más a Dios que a nosotros mismos, por encima de todas las cosas.
¿Nos hemos materializado en los negocios terrenales? Pues de ahora en adelante, como águilas, hemos de levantar nuestros pensamientos y nuestros deseos hasta lo más alto de los cielos, moderando la frívola agitación por las cosas de acá abajo, muriendo a los malos hábitos, y empezando con el año nuevo una vida nueva y cristiana.
Para aquellos cristianos que se han dejado llevar de la avaricia, no acordándose de los pobres y necesitados y cerrado sus arcas a sus miserias, para ustedes son éstas palabras de Ezequiel: “Facite vobis cor novum et spiritum novum” y con el año nuevo esfuércense en tener un corazón nuevo y un espíritu nuevo; un corazón lleno de bondad y de beneficencia.
Para aquellos, que se dejan llevar de la embriaguez y el desenfreno, y que por ello pierden el juicio y la razón, y con las terribles consecuencias de la perdida de los bienes y de las sangre de sus esposas y de sus hijos, y que además van minando su salud y abreviando sus vidas y con ello andando en el camino de la perdición, recuerden: “Facite vobis cor novum et spiritum novum”.
En este año nuevo, tengan amor a la sobriedad, no bebiendo en exceso, ejerciten sus fuerzas en trabajos provechosos, cuiden de la educación de sus hijos, correspondan al afecto de sus esposas, dejen a sus familias un nombre digno y honrado.
Para aquellas, almas envidiosas y vengativas que se alimentan de la enemistad y del odio, de divisiones y aversiones, recuerden: “Facite vobis cor novum et spiritum novum”, en este año nuevo renuncien a esas discusiones, busquen la paz con su prójimo, ámense los unos a los otros en Cristo Jesús, y no sólo de palabra, sino en obras y en verdad.
Hagan todo esto en seguida, ya que, la vida es breve, y la eternidad está más cerca de lo que se imaginan. De ello, decía San Juan Crisóstomo a su pueblo—Muchos—llevando una vida mala y viciosa, de repente perecieron. Temamos hermanos míos, no nos ocurra a nosotros la misma desgracia, ya que: el tiempo y la vida no la tendremos siempre.
Hermanos míos, es hora de despertar de este sueño profundo y de enmendar nuestra vida. Ayer recordábamos el fin del año, que se ha precipitado en la fosa de la nada. Hoy saludamos al nuevo año. Acaso ¿No podría ser éste el último de nuestra vida? Y si es así, ¡estemos preparados!.
Por último, espero que hagamos una seria reflexión y meditación sobre las palabras del profeta Ezequiel: “Facite vobis cor novum et spiritum novum”, para que en este año nuevo, que hoy comienza, el buen Dios nos conceda la gracia de la conversión del corazón, de una manera seria y completamente.
Feliz Año 2014!

Mons. Martín Dávila Gándara
Obispo en Misiones

 

 

 

 

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